Porque el que murió peleando, vive en cada gerrillero

Nuestra suerte está echada en el camino del combate por los pobres de la tierra. En ese sendero, como diría el Che, "la muerte es un concepto mil veces presente y la victoria el mito que sólo un revolucionario puede soñar". Los combatientes farianos lo saben y con ese convencimiento afrontan el camino de la búsqueda de la patria diferente;

lo tenía claro Gonzalo el día en que dialogando sobre aquella "ausencia" de los nuestros, que conduce al vientre de la tierra, nos dio de su mano "Cara de Guerra", una hermosa milonga que había recogido en alguna de las trochas de la selva de cemento, en su Medellín de tango y flores, y que más tarde las FARC convertirían al ritmo de salsa. Pocos días después, él, un abnegado guerrillero urbano del Bloque José María Córdova, comprometido hasta el alma con el ideal de la Patria Grande, también emprendería ese tránsito insoslayable al que nunca nos terminamos de acostumbrar.
Más allá del triste momento de un adiós que pareciera sin retorno, con la sabia de esos muertos es que nutrimos nuestra rebeldía y certeza en el triunfo de los de abajo. Valiosa muerte la de aquellos que mueren para vivir eternamente atizando en la memoria el fuego de las convicciones: No hay muerte -ha dicho el bolivariano poeta Juvenal Herrera-, la vida es libertad del universo que difunde su pálpito… Si la tierra es nuestra madre, reposar en su vientre no es la muerte. Pero cuánto vale la vida que insurge incontenible y crece en alboradas de sol y mariposas, prodigándose en besos y trincheras de invencibles comunas ¡Qué diamante contiene en un segundo aquella vida…! ¡Salud!, por los que han caído y siempre marchan con nosotros.
A ellos rendimos tributo y veneración perseverando en la resistencia, porque, como lo plantea el camarada Manuel, es su generosa entrega fundamental razón que hace inclaudicable el compromiso con la Colombia Nue va. A ellos, que aun en las penumbras de la noche, sólo han sabido caer de cara al sol, dedicamos estas voces, y con las palabras de Martí, el Apóstol de Nuestra América, les decimos: Hay un límite al llanto sobre las sepulturas de los muertos, y es el amor infinito a la patria y a la gloria que se jura sobre sus cuerpos, y que no teme ni se abate ni se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra.

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