Con su espada sangrante empuñada, sobre la Pacha Mama y sobre los aborígenes templos saqueados y destruidos, el conquistador levantó sus propios templos para imponer el señorío de un rey extraño. Sobre los lomos de los indios, de sus poetas y cantores, de sus amautas y guerreros, se hizo la riqueza que usurpó como dueño el conquistador.
Pero de la misma sangre indígena man-cillada, fueron levantándose las estirpes cautivas, vindicando la generosidad del Moctezuma traicionado, de la Anacaona ultrajada; cobrando las penas de los agra-viados amantes del sol, las estrellas, las lluvias y las cosechas. Contra la codicia y el arcabuz de la conquista se levantaron, con Cuauhtémoc en las conciencias, con los héroes mayas de Utatlán en las mentes, sin olvidar la profanación del polvo de oro y de esmeraldas de Guatavita; ni la sangre derramada en el Cuzco, Potosí, Cajamar-ca, el Arauco…, en las montañas, plani-cies y rincones del mágico mundo de Huayna Cápac y Colocolo.
Había ido surgiendo la llama que quemó la afrenta con las insurrecciones de Túpac Amaru, y de Katari; pero también sin per-der la huella mapuche de Lautaro, de esos mismos ímpetus y lanzas se hizo el to-rrente de Galanes, Antequeras y todas aquellas mestizas fuerzas con las que se desbordara el Libertador para hacer la Patria Grande en la Abya Ayala que ya no era sólo madre del valeroso indígena.
Con esa herencia es que resplandece nuevamente el horizonte; como la luz del inti en el Titicaca o la Macuira, brilla de nuevo toda la extensión de la Pacha Mama por la redención de los sojuzgados: en las huestes de indios, negros, mestizos y empobrecidos del presente, que con palos, piedras, banderas y fusiles, toman las trochas, los caminos, carreteras y senderos sobre los que dejan las huellas de la rebelión como esperanza del resurgimiento; en nuevas voces quechuas, aymaras, guaraníes, pehuenches, teyunnas, quichés, wayuunaiquis, emberas, barís..., guambianas; en voces varias de oprimidos y xenzontles, estalla en los entornos del Illimani, del Cuzco, Quito, Popayán, Chiapas, Selva Lacandona, Sierra Nevada de Santa Marta…; desde múltiples puntos de la América Nuestra estallan los gritos de emancipación, derrocando presidentes, tambaleando regímenes cipayos, oponiéndose a las nuevas colonizaciones de los imperios, resistiéndose a la globalización neoliberal, contra su "guerra infinita" que escombra a Afganistán, Irak, Palestina, Líbano… expoliando los recursos vitales de los pueblos del mundo sobre los que pretenden instalar hasta siempre sus templos de muerte.
El Mallku aymara Felipe Quispe lo ha dicho: "los hijos de Túpac Katari y Túpac Amaru que admiramos a Bolívar estamos en pie de lu-cha…, pero Bolívar no llega con flores a Bo-livia, él ha tenido que llegar con las armas a cambiar el sistema colonialista…", y convo-cadas están ya, entonces, las caribes y euparíes flechas contra Alfínger, Hidalgo con su re-belde Grito de Dolores, el galope y los caño-nes de las huestes del Mariscal Sucre en Aya-cucho, la tromba de la espiritualidad ferviente de Lautaro en Tucapel y Marigüeño; la indocilidad de Hatuey y Guaicaipuro…, la valentía de Enriquillo, Tamayo y Ciguayo en Bahoruco. Convocadas y presentes es-tán en el nuevo grito esperanzador que hoy explota desde las preservadas semillas de la autoctonía y el decoro de los oprimidos. En el mes de la décima luna en que con luto, dolor y determinación de combate por la justicia social, rememoramos la primera invasión europea, anunciamos el conven-cimiento en la redención de los de abajo, avanzando sobre los pies de los obreros, campesinos, intelectuales, afroamericanos y pobresías entre las que el indio de Amé-rica sigue levantándose con sus constela-ciones, para hacer el hermoso despertar de la gran patria multiétnica y única con la que soñó el Libertador.
La sangre y la vida, el maltrato a nuestra dignidad y nuestros sueños nos deben; nos deben utopías que no son de ALCA, ni TLC, ni de Plan Puebla-Panamá, ni Plan Colombia, ni de ningún otro engendro de conquista para quienes no estamos dis-puestos a admitir la condena a ser materia prima, fuerza de trabajo barata, clientes y mercado.
A donde iría la humanidad si no se entien-de por fin que hay que coexistir con el bosque y con las rocas, a dónde sin la es-peranza de las históricas razones que tene-mos en nuestra mestiza y nuestra indiana hechura bolivariana. América y el mundo no tendrán futuro sin volver la cara hacia el respeto de la naturaleza; sin el fuego del Popol Vuh y del Quetzalcóatl en la mente; sin el Olmeca fuego mesoamericano…, sin el hombre de mandioca y de maíz, de greda y otomanque palabra, de códices, de jade y de turquesas, el hombre de las raíces hun-didas en ese concepto de la tierra como madre y del amor a la vida hoy envenenada por el dólar, los transgénicos y el consu-mismo. No tendrá destino la humanidad sin las sabias espirituales de los pueblos avasallados por los imperios.
Pero el rumbo cierto para estos anhelos es el de concreción y consolidación de estruc-turas orgánicas de unidad en la diversidad, con integración fraternal, colaboración y respeto entre los pueblos, en busca del hu-mano, verdaderamente humano equilibrio del universo, que nos libere por fin de la pena de muerte decretada por el imperia-lismo.
Renaciendo desde el ayllu y la chacra es-tará la América Nuestra. "¿Adónde va la América, y quién la junta y guía? Sola, y como un solo pueblo, se levanta. Sola pe-lea. Vencerá, sola."