Los diferentes batallones adscritos a la Décima Brigada realizan permanentes operativos, asesinando y desapareciendo campesinos para luego hacerlos pasar por guerrilleros y así cobrar las recompensas ofrecidas por sus superiores para animarlos en esta guerra, como si la vida tuviese precio. Esa es la esencia de su mal llamada Teoría de la Seguridad Nacional , impuesta por los gringos y convertida en manual de violación permanente de los derechos fundamentales de los colombianos.
Los militares y los paramilitares, ya no se sabe quien es quien, porque la verdad son lo mismo, incluso unas veces los mismos aparecen una vez con un vestido, de militares y al otro día, con el otro vestido, de paramilitares. Pero lo que si es claro es que roban al campesino su producción, lo aterrorizan, le cobran impuestos, lo amenazan de muerte, intentan comprar su conciencia.
Es el caso de los chóferes que transitan las carreteras centrales y las líneas veredales, diariamente resisten presiones y amenazas para que informen sobre los movimientos y los colaboradores de la guerrilla, para que entreguen información. Los quieren obligar, como a toda la comunidad, a ser sus agentes de información y lo que es peor a aceptar los montajes que hacen contra población civil inerme para robarle sus tierras.
Esos mismos batallones, reforzaron y custodiaron a los paramilitares de Jorge 40 para llevar a cabo los atropellos del Plan Patriota, plan contra los pobres de Colombia.
En las regiones de Curumaní, La Jagua , Becerril, Codazzi, Media Luna, las patrullas buscaron ubicación en los sitios más estratégicos para permitir a los paramilitares su libre y segura operación. A su paso arrasaban con todos y con todo, hasta dejar las zonas totalmente asoladas, acabaron con la producción del campesinado y así se financiaron, enriqueciendo, aún más los bolsillos de la casta política y paramilitar vallenata.
El objetivo implicaba destruir al campesino para dejar el campo libre a las empresas multinacionales como la Drummond y otras en su explotación y depredación de gran parte del territorio sin reparo, como los dueños. Los empresarios y comerciantes colombianos venden la patria a empresas extranjeras y nuestras fuentes de energía sin importar que los municipios y corregimientos estén en total miseria. Las regalías son fuente de corrupción y nunca han beneficiado a sus pobladores.
Ante estos atropellos y desmanes, el pueblo oprimido se levanta, digno y valiente, frente a las oscuras políticas del Estado. La resistencia crece y se organiza, invitamos a quienes sientan sus derechos e intereses afectados por el fascismo a fortalecer la lucha por la liberación nacional, por La Nueva Colombia , patria para todos, producto del levantamiento insurreccional.