Los hechos históricos, tal como han sucedido y la historia escrita sobre ellos se parecen un tanto a los polos geográfico y magnético de la Tierra. Aunque están cerca, no coinciden. La tragedia de la historia real consiste, generalmente, en que sus interpretes encargados de narrarla a generaciones que no la conocieron objetivamente suelen distorsionarla vertiéndola al través de su prisma subjetivo, parcializado o unilateral, negando de esta manera en su historia escrita el derecho de los acontecimientos de haber sucedido así como se presentaron.