Mono… Mono… tu siempre tan inquieto, haciéndole maldades a los señoritos ricos de la oligarquía santanderista. ¡Qué ganas te tenían! Y como cobardes que son tuvieron que mandar más de dos mil a buscarte, con bombas inteligentes y radares móviles, para eliminar, como tú mismo te definiste, “un hombre común y corriente, como los demás”, cuya única fuerza, esa sí sobrenatural, era la que te proporcionaba tu moral, tu férrea convicción y tu entrega total al sueño de Bolívar.
Mono… Mono… tu siempre tan inquieto, haciéndole maldades a los señoritos ricos de la oligarquía santanderista. ¡Qué ganas te tenían! Y como cobardes que son tuvieron que mandar más de dos mil a buscarte, con bombas inteligentes y radares móviles, para eliminar, como tú mismo te definiste, “un hombre común y corriente, como los demás”, cuya única fuerza, esa sí sobrenatural, era la que te proporcionaba tu moral, tu férrea convicción y tu entrega total al sueño de Bolívar.
Mono…Mono… ¡Que tierrero armaste! Y cuantos dolores de cabeza sufrieron por tu admirable labor revolucionaria; te buscaban por cielo, mar y tierra, pero tú, haciendo honor a tu apodo, siempre te saliste con la tuya, como tu Maestro. Hasta que te dieron; pero sabias que eso podía pasar porque como tú mismo lo dijiste: “Hasta los 45 años que viva y aporte, me daré por bien servido”.
Mono, ciertamente aportaste: dejas toda una estela de enseñanzas y experiencias que nutren el saber del pueblo en su lucha incesante por su dignidad; instruiste a las masas populares en el campo mismo de la guerra, esa guerra que les ha tocado asumir y que con valentía enfrentan día a día, con la frente en alto, orgullosos de ser, como tú, de las filas de Manuel.
Ahora esos muchachitos celebran tu muerte, brindan y se felicitan porque acabaron con su pesadilla; ¿pesadilla? Claro… Eras su pesadilla…No ves que los ponías a temblar de miedo porque encarnabas la justicia popular, esa que tanto temen.
¡Ah...! Te llaman arrogante… y Mono, eso es entendible… tienen que llamarte arrogante porque se te ocurrió, como a Girardot, alzarte en armas desde niño para exigir (sí, exigir, no suplicar) los derechos de los pobres; les impusiste impuestos (imagínate, imponerle impuestos a los que viven de ponerles impuestos a los demás) para que financien la guerra del pueblo y… a todas estas ¿Cómo así que un humilde campesino va a imponerles y hablarles de tu a tu a los señoritos perfumados de las ciudades?
¡No Mono, usted sí…! Les pintaste la cara con cada una de tus acciones, y lo que es peor para ellos (aunque parece que no lo saben o hacen que no lo saben) nos enseñaste con tu ejemplo a pelear, resistir y vencer; sí, nos enseñaste que podemos vencer, por eso ahora, aunque tú no estés físicamente, no habrá quien detenga al pueblo en el desarrollo de una guerra que sabe que puede ganar y seguro ganará.
Mono…Mono… preferiste reunirte con El Negro, con Raúl, Iván y los otros en el Olimpo sagrado de los héroes Bolivarianos, antes que cumplir las penas dictadas por los leguleyos descendientes de ese “Hombre de leyes”: eso es digno de ti, así lo hacen los verdaderos revolucionarios; pero bueno… acá quedan tus muchachos haciéndoles maldades a los hijitos de papi, retomando tu arrogancia y alimentándose de tu ejemplo inclaudicable.
Allá estarás con tu viejo Marulo, tu padre y amigo… de seguro te tendrá escuchando sus anécdotas hasta la una de la madrugada, para después ponerte a hacer guardia hasta las cuatro, y continuar la marcha a las cuatro y media, después que hayas hecho el tinto; y cuidado con la panela, si se te pierde y consigues otra él se va a dar cuenta porque conoce la que ya te dio primero.
Mono… estuvo bueno de maldades, ve a descansar, nosotros continuamos con eso, nosotros seguiremos la tarea, porque JURAMOS VENCER Y VENCEREMOS.
¡CAMARADA MONO JOJOY PRESENTE!
¡CONTRA LA OLIGARQUÍA, POR EL PUEBLO!