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Y es que en Colombia, las decisiones siguen siendo tomadas lejos de la voluntad Popular consolidando el régimen de terror con presidencialismo y centralismo. Desde 1991, año en el que se convoca la constituyente neoliberal, el poder ha utilizado como eufemismo el concepto de Democracia Participativa para convocar incautos, manipular la participación, concentrar el poder y así, rociar de legitimidad decisiones ya tomadas.

 

Parafraseando a la socióloga y extraordinaria profesora María Teresa Uribe se puede afirmar que democracia participativa es, cuando menos, otra promesa incumplida. Esto es comprobable con tres casos destacados en la coyuntura y ejemplarizantes de la falsedad democrática de la oligarquía. Los mecanismos de participación se encuentran regulados en la ley 134 de 1994, entre estos el referendo, la revocatoria del mandato y la participación en la planificación del desarrollo. 

 

El referendo.

 

De éste mecanismo se puede afirmar no sólo su inutilidad, sino su vulgarización en función de los intereses particulares del fascista Álvaro Uribe. El referendo neoliberal convocado en 2003 para “consultar la ciudadanía” en temas fiscales, pensiones, supresión de las contralorías y transferencias a los entes subnacionales, fue votado negativamente por la población. Pese a esto, el gobierno ilegítimo implementó posteriormente las medidas consultadas con otras leyes burlando de esta manera la decisión del soberano. Como si fuera poco, para alcanzar los votos mínimos y con ello darle validez al mecanismo, integró como “anzuelos” temas anticorrupción a los cuales nadie se opondría.

 

La trampa se espera repetir en el referendo reeleccionista pues ahora el “anzuelo” es el referendo sobre el agua. Aquel está plagado de dudas, que van desde el financiamiento de la campaña de recolección de firmas por parte de contratistas del Estado y narcotraficantes, hasta un trámite en el congreso donde se llegó a cambiar el texto que firmaron los ciudadanos. Se espera que la Corte Constitucional tome en cuenta estos hechos para negar la convocatoria. 

 

El texto del referendo sobre el agua busca que el preciado líquido sea reconocido como derecho fundamental, asegurando el acceso gratuito a éste para millones de colombianos. Sus promotores denunciaron que el texto ha sido modificado de forma consecuente con las políticas neoliberales en materia de servicios públicos domiciliarios. Así mismo, se está utilizando como “anzuelo” para que el Pueblo salga a votar junto con el reeleccionista y de esta manera lograr el umbral necesario de votos.  

 

Revocatoria del mandato.

 

Tanto en la práctica como en lo legal, éste principio democrático ha sido convertido en inviable. Desde que fue promulgado con nivel constitucional y reglamentado por la ley se han emprendido iniciativas para revocar el mandato a cerca de 30 alcaldes sin que ninguna de ellas haya obtenido el éxito, más allá de los intereses que movilizan las iniciativas. De los gobernadores no hay nada que decir y no es casualidad que no esté considerada la revocatoria del presidente.

 

Entre las dificultades para que éste mecanismo sea viable, se encuentra la ineficacia de otro que lo acompaña, a saber, el voto programático. La reglamentación de éste último dice que el ciudadano vota por un programa de gobierno y de ser elegido se convierte en plan de desarrollo del municipio o del departamento. Pues bien,  estos programas de gobierno son de una generalidad tal que cualquier cosa plasmada en el plan de desarrollo coincide, y con ello cumple con la norma.

 

Participación en los planes de desarrollo.

 

Este mecanismo entra en contradicción con el anterior, pues el gobernante de turno no quiere modificar sus planes debido, entre otras cosas, a sus compromisos con quienes financiaron y votaron su campaña. Colombia tiene numerosas experiencias de planes de desarrollo participativos y constituyentes locales sin que ninguna de estas se haya traducido en decisiones. 

 

La ley 152 de 1994 reglamentó la creación de consejos de planeación integrados por representantes de la ciudadanía y de movimientos sociales y gremiales, y todos ellos se han convertido en invitados de papel. Se ha discutido la planeación sin discutir el desarrollo por ejemplo. Así, mientras el Pueblo proponía otro desarrollo el régimen implementó el neoliberalismo. 

 

Sólo entonces un Nuevo Poder, un poder con el carácter de una clase distinta a la que hoy es privilegiada y sólo con un concepto de democracia cuya esencia se encuentre en la igualdad, la participación del Pueblo se traducirá en decisión, la decisión en bienestar y el bienestar en paz con justicia social.         

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