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Algunos ilusos creen que se abrió así una puerta para el dialogo y la paz.

Sin embargo, de la lectura del texto de la intervención surgen varios interrogantes, como los siguientes: ¿Por qué se omitió el punto del intercambio humanitario que reclama a gritos toda la sociedad? ¿Qué motiva el aparente cambio presidencial del discurso de guerra hacia uno de conciliación? ¿Hacia donde apunta esta alusión a una eventual negociación de la paz con las FARC? ¿Tiene la actual clase dominante una verdadera voluntad de paz favorable a reformas fundamentales de la sociedad para superar las causas estructurales de la violencia?

La omisión del tema del intercambio humanitario, tal vez el punto más critico del conflicto colombiano en la actualidad, es un claro síntoma de las verdaderas intenciones del actual gobernante. Seguirse negando tercamente a generar los espacios y mecanismos que conduzcan a un Intercambio Humanitario con las FARC, como lo hace el actual gobierno, es la mayor evidencia del verdadero propósito oficial, que no es otro que el de ahondar la guerra y los planes para derrotar el movimiento insurgente e imponer el régimen fascista de la burguesía narcoparamilitar, con su famoso Plan 2016.

Las alusiones uribistas a la paz son un globo-sonda para ver si las FARC reconocen estar golpeadas y negocian en condiciones de absoluto sometimiento, sin que se den las reformas estructurales que requiere la sociedad.

Para no hacernos ilusiones, el régimen del señor Uribe Vélez, como ninguno de los anteriores en la historia reciente de Colombia, ha pensado jamás en negociar reformas con el movimiento guerrillero y campesino.

Su proyecto estratégico es reorganizar el sistema de dominación en los términos de un estado global fascista que permita perpetuar los intereses de una lumperburguesia que se renueva mediante la incorporación y legalización de los segmentos sociales originados en la economía del narcotráfico y en la criminalidad del paramilitarismo.

El movimiento popular y revolucionario colombiano tiene la alternativa real de la movilización permanente de masas, con todas las formas de lucha, para alcanzar sus objetivos de cambio democrático y socialista, derrotando el bloque oligárquico dominante.

Concurrir a la hipócrita simulación gubernamental, en reuniones privadas con los jefes del clientelismo y los abogados presidenciales del paramilitarismo, es coadyuvar a la ejecución de los planes militaristas anunciados por Fredy Padilla, el nuevo comandante de las fuerzas armadas, quien ha dado a conocer las metas de exterminio y guerra de los lideres de la guerrilla revolucionaria colombiana. Que es el verdadero plan del Mesías narcoparamilitar, cuya voluntad esta cargada hacia el lado de la guerra y la violencia.


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