He aquí la palabra de la insurgencia combativa, el sueño de quienes anhelan un país y un mundo más justos. Es inútil perseguirla. Seis mil años de historia avalan nuestra porfía.
Cientos de miles de años atrás, en una especie de simbiosis entre pensamiento y trabajo, la humanidad creó el lenguaje como instrumento fundamental para su supervivencia y desarrollo.
Una vez nacida la palabra, adquirió el poder mágico de comunicar sentimientos e ideas, se convirtió en la clave de la superación de la especie, en el vehículo de su convivencia.
Más aún cuando consiguió ser preservada por escrito. Unas cuantas de ellas bastaron para conservar la memoria, para formular principios, para graficar los más bellos sueños.
Entonces hizo su aparición el odio. La prohibición de divulgar ciertas palabras que revelaban la verdad de lo que estaba ocurriendo. La propiedad privada quiso hacerlas suyas.
Durante por lo menos sesenta siglos los dueños del poder lo han intentado todo para acallar las palabras de quienes denuncian sus injusticias y horrores.
Se trata de simples sonidos de la garganta humana representados por signos que se llaman letras. De qué modo se los persigue por todos los rincones del planeta.
Las exigencias actuales imponen que sólo los dueños de las más grandes riquezas posean los medios y los privilegios para divulgar sus palabras con entera libertad.
La palabra de los demás se tolera siempre que resulte útil a las conveniencias de los amos. El más pequeño blog puede ser censurado y destruido.
Con mayor razón la palabra de los alzados, de los rebeldes, de quienes se negaron a hincar sus rodillas y arriesgaron ponerse de pie y reclamar. Sus ideas sí que resultan peligrosas.
Toneladas de bombas y miles de proyectiles disparados por autómatas al servicio de la muerte se empeñan en aniquilar la voz de los que piensan distinto. Las cárceles cobijan a los más débiles.
Técnicos y especialistas de las más sofisticadas agencias de inteligencia criminal se empeñan en impedir la divulgación por la red de la palabra inconforme que logra sobrevivir al fuego total.
Por sobre los incesantes bloqueos y sabotajes la palabra vuelve a renacer. Inocente, plena de ideas y entusiasmo, inquieta por ser leída, feliz de ser repetida, ansiosa por ser acción.
He aquí la palabra de la insurgencia combativa, el sueño de quienes anhelan un país y un mundo más justos. Es inútil perseguirla. Seis mil años de historia avalan nuestra porfía.
Secretariado Nacional de las FARC-EP
Montañas de Colombia, abril de 2012.