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Señores

Comandantes de tropa

Soldados y Policías


Cuando Uribe llegó a la Presidencia de la República en el 2002, en un arrebato subjetivo prometió derrotar a la guerrilla en dos años, rescatar los prisioneros de guerra y llevar a la insurgencia de rodillas, quebrantada su voluntad de lucha, a la mesa de negociaciones.

Se sentía seguro con el respaldo de las elites empresariales, los paramilitares y la gran prensa, y sobre todo, por el apoyo del gobierno de Washington. No pocos oficiales superiores y subalternos se dejaron arrastrar entonces por ese torbellino de ilusiones, olvidando anteriores esfuerzos con resultados negativos.


Luego de cuatro años de Plan Patriota, de cercos militares y maniobras en masa de divisiones, brigadas y batallones; de satélites y aviones espías; de ruidos de aparatos y de fieros bombardeos en la selva, no pueden mostrar resultados tangibles. ¡Cuatro años de sacrificios innecesarios para las tropas oficiales! De nada les sirvió llegar al punto indicado por los planes, porque la guerrilla en esta etapa no anda en guerra de posiciones; su táctica invencible es la guerra de guerrillas móviles, que golpea y huye para volver a golpear. Es indudable que se ha formado entre la pólvora y el humo, una guerrilla de nuevo tipo, que como acertadamente lo reconoce el General Tapias, se acostumbró al concepto de despliegue rápido, de unidades móviles, de apoyo aéreo, de movimientos en masa y al significado de la información satelital en tiempo real.


Uribe está metido en una lamentable equivocación histórica al pretender aniquilar a tiros la inconformidad social. Por ese mismo error de sus predecesores desde Guillermo León Valencia, decenas de comandantes del Ejército y de las Fuerzas Militares tuvieron que abandonar sus cargos con las manos vacías. Eso explica el por qué, el comandante de la poderosa fuerza de tarea Omega en el sur, tuvo que salir también sin pena ni gloria de ese teatro de operaciones. Si la estrategia es la equivocada, de nada sirve echar generales porque no presentan resultados, o porque se oponen a las concepciones y dictados gringos sobre la conducción de los ejércitos. Los programas sociales, los cambios de estructura, los acuerdos de paz, son más eficaces y poderosos que las balas y los operativos.


Ya es tiempo que el Presidente abandone la irracionalidad de negar la existencia del conflicto y las torpes descalificaciones al más serio de sus adversarios políticos. La guerra que niega no la va a ganar gritándoles "bandidos", "terroristas" o "narcoterroristas" a los integrantes de una Organización político-militar como las FARC. No podemos permitir que Uribe siga manejando con cabeza caliente un asunto tan vital como el de la guerra y la paz. O que un Ministro de defensa, como el actual, que sólo ha librado combates de tinta y rotativas, incite irresponsablemente a la guerra, cómodamente atrincherado detrás de un escritorio a costa del sacrificio de soldados, suboficiales, oficiales y población civil.


Está llegando el momento histórico del encuentro del ejército institucional con las FARC y con el pueblo y sus organizaciones político-sociales, poderosos factores de cambio y nuevo poder, que unidos podrán corregir el rumbo del país hacia la democracia verdadera, la justicia social, y el destino señalado por el Libertador.


El diseño estratégico del Comando Sur del ejército de los Estados Unidos, conocido como "Seguridad Democrática" y su componente militar, el Plan Patriota, sólo ha servido para favorecer momentáneamente los objetivos de la recolonización neoliberal, dejándonos mayor pobreza, privatizaciones, desempleo, violación de los derechos humanos, desconocimiento de la soberanía patria, olvido de los programas sociales, lesivos tratados de libre comercio, excesivas cargas tributarias., empujando al país a la bancarrota y a la agudización del conflicto interno, porque los problemas socio-políticos, el pensamiento, el hambre y la miseria, no se resuelven con balas sino mediante un tratamiento de confrontación de ideas de todos los afectados en la mesa de diálogo, etc.


Como lo expresara el comandante Jacobo Arenas, "el futuro de Colombia no puede ser el de la guerra civil". Necesitamos comunicación y enlace para diseñar conjuntamente la estrategia para la paz con equidad y el cambio de estructuras que reclama la nación. Invocamos los buenos oficios de nuestros amigos comunes aquí y en el exterior para hacer posible el abrazo de la esperanza por una Nueva Colombia.


En Bolívar nos encontramos todos.


Saludo cordial,


Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP


Montañas de Colombia, octubre de 2006













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